Llano, Alejandro (Ed.). 2015.
El arte más allá de sí mismo.
Aproximaciones a la cultura artística contemporánea.
Madrid: Biblioteca Nueva

Gaspar Brahm Mir*

Rheinische Friedrich-Wilhelms-üniversität Bonn (Alemania)
gasparbm@gmail.com

DOI: 10.5294/pecu.2015.18.2.11

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Brahm Mir, Gaspar. 2015. "Llano, Alejandro (Ed.). 2015. El arte más allá de sí mismo. Aproximaciones a la cultura artística contemporánea. Madrid: Biblioteca Nueva". Pensamiento y Cultura 18 (2): 197-200. DOI: 10.5294/pecu.2015.18.2.11



No se puede hablar sobre el arte sin trascenderlo, como tampoco puede hacerse arte sin que en su proceso creativo contribuyan aspectos que no son artísticos y, por lo mismo, ajenos en sí mismos a dimensiones estéticas. Aunque no se quiera defender una unidad radical entre lo que compone el tramado de la vida cotidiana y lo propiamente artístico, tampoco es sensato negar la relación intrínseca que existe entre el hombre a pie y el hombre inspirado (ya sea en su faceta creativa o receptiva). Es que entre los hombres que caminan por las calles de la ciudad se encuentran también el artista y quienes, de forma consciente o simplemente casual, se ven enfrentados con el arte. Por lo mismo es infecundo el intento de separar lo artístico de la sociedad, como lo sería querer implantar un ser humano del futuro tecnificado sin relación con la naturaleza.

Detrás de la variedad temática del libro —a mi juicio quizás demasiado amplia como para incentivar una discusión orgánica y fructífera— y de los diferentes estilos de los artículos —que van desde ensayos con un alto nivel literario a escritos netamente científicos— es posible vislumbrar un esfuerzo común: una deliberación sobre el arte en su dimensión más humana y, por lo mismo, capaz de abarcar todas las facetas del hombre en su profundidad.

Como el hombre no puede ser considerado en un estado aislado, hay razones para hacer hincapié en su dimensión social y cultural. El arte no es solo la manifestación del genio individual de un artista, sino también aquello que, como dice Alejandro Llano en la introducción, es capaz de unir la tradición de los pueblos con su futuro (p. 12).

La fragmentación moderna de la identidad socio-cultural no solo se encuentra reflejada de forma prototípica en el arte, sino que es, también, su resultado. De ahí que la pluralidad de voces en el libro, en el que intervienen filósofos, arquitectos y literatos, se aún en en una perspectiva filosófica-crítica que va más allá de los objetos artísticos y la contemplación estética, para llegar al hombre común y a la cultura de nuestros días.

El libro está inteligentemente dividido en dos secciones. La primera, "Perspectivas gnoseológicas", trata de forma teórico-filosófica la pregunta del arte en la cultura moderna. La discusión latente en los dos primeros artículos es interesante. Mientras María Antonia Labrada afirma que desde la Modernidad —especialmente por el exagerado hincapié que se pone en la autonomía de la obra artística— el arte tiende a distanciarse de la vida (p. 22), Lourdes Flamarique defiende la tesis de que precisamente con la Era Moderna prácticamente se elimina la diferencia entre el artista y el hombre común (p. 29). Gabriel Insausti y Francisco Rodríguez Valls dedican sus páginas al complejo tema de la relación y la posible armonía entre ciencias naturales, ciencias humanas y el arte. Ambos autores argumentan en contra de un reduccionismo, Insausti desarrollando el tema de los distintos tipos de verdad y de ficción (p. 57), y Rodríguez Valls centrándose más bien en la relación entre el conocimiento y la vida.

En cuanto a la percepción artística, Nieves Acedo del Barrio adopta la posición de Benjamin con el propósito de subrayar la importancia de la reflexión crítica, de tal modo que la obra de arte no sea un mundo cerrado en sí mismo (p.76). Y Antonio Puerta López-Cózar aborda desde la perspectiva del artista el peligro de la abstracción y la correspondiente deshumanización del arte, poniendo en duda que una obra artística que no dice nada pueda ser considerada como humana (p. 87).

Dos artículos más osados en su temática son los de Claudia Carbonell y Pedro Jesús Teruel. De forma muy sugestiva, Carbonell plantea un estrecho paralelismo entre Platón y Malévich; en éste sobresale la afirmación de que tanto el arte como la filosofía, en sus esfuerzos por superar el mimetismo, van más allá de la cultura (p. 100). Por su parte, Teruel intenta escribir en pocas páginas una historia del inconsciente desde Kant hasta la neuroestética, resaltando la relación entre conocimiento y arte (p. 135). Por último, en esta sección, se encuentra el artículo de Dolores Conesa, especialmente logrado por su estilo y profundidad temática. Éste presenta al artista W. Congdon como paradigma de aquel hacer artístico que logra ir más allá del esencialismo filosófico, siendo capaz de abordar la pregunta por el propio origen y la identidad (p. 116).

La segunda parte del libro está destinada a las "Perspectivas Culturales". Amalia Quevedo da inicio a esta sección con un artículo sobre la historia de la iconoclastia, demostrando que la violencia en contra de las imágenes se extiende hasta nuestros días (p. 156). Dos estudiosos de la literatura, José Antonio Millán Alba y Javier García Clavel, se centran en el mundo literario contemporáneo. Mientras el primero advierte el peligro que encierra una exagerada democratización en la literatura y el que la obra artística sea considerada como un mero proceso (p. 161), García Clavel defiende vehementemente el compromiso social y político que debería reflejar toda obra literaria (p. 194). También trata la relación entre el arte y la democracia Rafael Llano Sánchez, quien, con cierta ironía, se toma el atrevimiento de describir a la sociedad de nuestros días usando parámetros de otras épocas, centrándose en la ambivalencia de la aristocracia: si bien los aristócratas son muchas veces quienes poseen más bienes y buen gusto, terminan con frecuencia malográndose (p. 210). Por otro lado, el tema de la decadencia del arte es abordado por Carlos Llinás desde la perspectiva de Nietzsche. Llinás afirma que la corrupción es la "desintegración de la vida organizada de un todo" (p. 176); decadencia que Juan José García Norro atribuye con gran dureza al cine —aunque por factores ajenos al mismo—, el que se habría convertido —en palabras de Norro— en un mero "vestigio de otra época" (p. 219).

Esta segunda parte del libro la cierran dos artículos de índoles muy diferentes. Luciano Espinosa adopta un discurso mediador entre un arte tradicional y uno transgresor, y aboga por un acercamiento del mundo artístico a lo real (p. 229). Héctor Zegal, por otra parte, basándose en la figura de Aristóteles, pone énfasis en la mímesis trágica y en la estructura que debe sostener una tragedia para que ésta sea una obra de arte lograda (p. 247), lo que también serviría de parámetro para el arte moderno, sobretodo en el caso de la música (p.251).

A pesar de que la riqueza temática de los artículos ponga en riesgo la unidad del libro, y de que la calidad formal y de contenidos sea bastante dispar, no deja de sorprender la originalidad de la propuesta de este volumen y su valiosa contribución a una discusión que no está llamada a ser mantenida entre cuatro paredes, sino más bien en el meollo mismo de la sociedad contemporánea.


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